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Palabras de Lemuel, rey de Masá, que le enseñara su madre:
¡Oh, hijo mío! ¡Oh, hijo de mi vientre! ¡Oh, hijo de mis votos!
No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a las que destruyen a los reyes.
No es cosa de reyes, oh Lemuel, no es cosa de reyes beber vino; ni de los magistrados, el licor.
No sea que bebiendo olviden lo que se ha decretado y perviertan el derecho de todos los afligidos.
Dad licor al que va a perecer, y vino a los de ánimo amargado.
Beban y olvídense de su necesidad, y no se acuerden más de su miseria.
Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desafortunados.
Abre tu boca, juzga con justicia y defiende al pobre y al necesitado.
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa a las perlas.
Confía en ella el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias.
Le recompensará con bien y no con mal, todos los días de su vida.
Busca lana y lino y con gusto teje con sus manos.
Es como un barco mercante que trae su pan de lejos.
Se levanta siendo aún de noche, y da de comer a su familia y su diaria ración a sus criadas.
Evalúa un campo y lo compra, y con sus propias manos planta una viña.
Ciñe su cintura con firmeza y esfuerza sus brazos.
Comprueba que le va bien en el negocio, y no se apaga su lámpara en la noche.
Su mano aplica a la rueca, y sus dedos toman el huso.
Sus manos extiende al pobre y tiende sus manos al necesitado.
No teme por su familia a causa de la nieve, porque toda su familia está vestida de ropa doble.
Tapices hace para sí, y se viste de lino fino y púrpura.
Es conocido su marido en las puertas de la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país.
Telas hace y las vende; entrega cintas al mercader.
Fuerza y honor son su vestidura, y se ríe de lo porvenir.
Su boca abre con sabiduría, y la ley de la misericordia está en su lengua.
Considera la marcha de su casa y no come pan de ociosidad.
Se levantan sus hijos y le llaman: "Bienaventurada." Y su marido también la alaba:
"Muchas mujeres han hecho el bien, pero tú sobrepasas a todas."
Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que teme a Jehovah, ella será alabada.
¡Dadle del fruto de sus manos, y en las puertas de la ciudad alábenla sus hechos!