Livre
Genèse
Sélectionner le chapitre de Genèse
Ancien Testament
Version sélectionnée
RVA
Reina Valera Actualizada
Sélectionner le chapitre de Genèse
Ancien Testament
Después de estas cosas vino la palabra de Jehovah a Abram en visión, diciendo: —No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande.
Abram respondió: —Oh Señor Jehovah, ¿qué me has de dar? Pues continúo sin hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer, de Damasco.
—Añadió Abram—: A mí no me has dado descendencia, y he aquí me heredará un criado nacido en mi casa.
Y he aquí que la palabra de Jehovah vino a él diciendo: —No será éste el que te herede, sino que alguien que salga de tus entrañas será el que te herede.
Entonces lo llevó fuera y le dijo: —Mira, por favor, al cielo y cuenta las estrellas, si acaso las puedes contar. —Y añadió—: Así será tu descendencia.
El creyó a Jehovah, y le fue contado por justicia.
Entonces le dijo: —Yo soy Jehovah, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra como posesión.
El respondió: —Oh Señor Jehovah, ¿cómo sabré que yo la he de poseer?
Le respondió: —Tráeme una vaquilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
El tomó todos estos animales, los partió por la mitad y puso cada mitad una frente a otra. Pero no partió las aves.
Entonces descendieron unos buitres sobre los cuerpos muertos, y Abram los ahuyentaba.
Pero cuando el sol estaba por ponerse, cayó sobre Abram un sueño profundo, y he aquí que se apoderó de él el terror de una gran oscuridad.
Entonces Dios dijo a Abram: —Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no será suya, y los esclavizarán y los oprimirán 400 años.
Pero yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de esto saldrán con grandes riquezas.
Pero tú irás a tus padres en paz y serás sepultado en buena vejez.
En la cuarta generación volverán acá, pues hasta ahora no ha llegado al colmo la maldad de los amorreos.
Y sucedió una vez que el sol se puso y hubo oscuridad que he aquí, apareció un horno humeante, y una antorcha ardiendo pasó por en medio de los animales divididos.
Aquel día Jehovah hizo un pacto con Abram diciendo: —A tus descendientes daré esta tierra, desde el arroyo de Egipto hasta el gran río, el río Eufrates;
la tierra de los queneos, quenezeos, cadmoneos,
heteos, ferezeos, refaítas,
amorreos, cananeos, gergeseos y jebuseos.