inverbum
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Reina Valera Actualizada

1

Mi arpa ha llegado a ser para el duelo, y mi flauta para la voz de los que lloran.

2

Pero ahora se ríen de mí los que son en edad más jóvenes que yo, aquellos a cuyos padres yo habría desdeñado poner junto con los perros de mi rebaño.

3

¿Para qué habría necesitado yo la fuerza de sus manos, si su vigor se había ido de ellos?

4

Por la miseria y el hambre están anémicos; roen la tierra reseca, la tierra arruinada y desolada.

5

Recogen malvas entre los arbustos y la raíz de la retama para calentarse.

6

Están expulsados de la comunidad, y gritan contra ellos como a ladrones.

7

Habitan en los barrancos de los arroyos, en los huecos de la tierra y de las peñas.

8

Chillan entre los arbustos y se apiñan debajo de los espinos.

9

¡Insensatos! ¡También gente sin nombre, echados a golpes de la tierra!

10

Pero ahora he llegado a ser su canción; soy el tema de su habladuría.

11

Me abominan y se alejan de mí; no se refrenan de escupir mi cara.

12

Porque Dios ha aflojado la cuerda de mi arco y me ha afligido, ellos se han desenfrenado en mi presencia.

13

A la derecha se levanta la chusma; empujan mis pies y preparan contra mí sus destructivos caminos.

14

Arruinan mi senda; se aprovechan de mi destrucción. No hay quien los detenga.

15

Entran como por amplia brecha, y dan vueltas en medio de la devastación.

16

Los terrores se han vuelto contra mí; mi honor es perseguido como por el viento, y ha pasado como la nube mi prosperidad.

17

Ahora mi alma se derrama en mí; los días de la aflicción se han apoderado de mí.

18

La noche me taladra los huesos, y los que me corroen no reposan.

19

Con gran fuerza es desfigurada mi vestidura; me aprieta como el cuello de mi túnica.

20

Tú me has arrojado en el lodo, y he llegado a ser como el polvo y la ceniza.

21

Clamo a ti, y tú no me respondes; me presento, y tú no me atiendes.

22

Te has vuelto cruel para conmigo; con el poder de tu mano me persigues.

23

Me levantas, me haces cabalgar sobre el viento, y luego me deshaces en la tormenta.

24

Porque sé que me conduces a la muerte, a la casa destinada para todos los vivientes.

25

Sin embargo, ¿no extenderá su mano el que está en la ruina? ¿No clamará a él en su infortunio?

26

¿No he llorado por aquel cuya vida es difícil? ¿No ha tenido mi alma compasión por el necesitado?

27

Cuando esperaba el bien, me vino el mal; cuando aguardaba la luz, vino la oscuridad.

28

Mis entrañas hierven y no tienen sosiego; los días de mi aflicción me han alcanzado.

29

Ando enlutado y sin consuelo; me levanto en la asamblea y clamo.

30

He llegado a ser hermano de los chacales y compañero de las avestruces.

31

Mi piel ennegrecida se me cae, y mis huesos arden de calor.